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Archive for 14 septiembre 2007

No puedo creer que ninguno de los blogueros apasionados por el fútbol que visito (que son varios) la haya mencionado. Ni una línea. Me refiero a la Copa Mundial de Fútbol Femenino que se está jugando ahora, y hasta el 30 de septiembre, en China.

Yo no leo Olé, ni la sección de deportes de ningún diario. Es más, las salteo deliberadamente. Sin embargo, del mundial de rugby no hay forma de escaparse. No sé nada ni me interesa pero es inevitable. Hay publicidades, videos y noticias de rugby hasta en la sopa. Hasta leí una carta que escribió un ex jugador alabando los supuestos valores de ese deporte (un desastre, por cierto).

Hace instantes, y por una casualidad, me enteré de que hace unos días empezó el mundial de fútbol femenino y que hoy juega Argentina contra Japón. Parece que nuestra selección no es muy buena. Debutaron contra Alemania y perdieron 11-0.

¿Alguien lo sabía? ¿Alguien conoce a las jugadoras? ¿Alguien piensa verlo?

Si el fútbol es un deporte tan popular en la Argentina, ¿por qué cuando juegan mujeres no se promociona? ¿Por qué tantas mujeres lo miran, acompañan, son hinchas pero no lo practican? ¿Las chicas juegan al fútbol en la escuela? ¿Qué opinan los dirigentes del fútbol de la incorporación de las mujeres? ¿Hacen algo para promoverlo?

 

 

 

………………………………….

Esto es lo que escribió Antonio Serpa (aserpa@ole.com.ar) y publicó el diario Olé (en tono de chiste, tal vez) sobre el partido que perdió Argentina:

El mundo está lleno de deportistas que nos enorgullecen. El seleccionado de fútbol femenino es un ejemplo. Ejemplo de lo contrario. En su debut en el Mundial, perdieron 11-0 con Alemania. Ojo, las mató el 9-0 porque estaban ahí del descuento y ¡quién las paraba! Pero tranquilas, chicas: nadie esperaba más. El fútbol es para hombres, ¿o ustedes nos vieron tejiendo? Así que al regreso, sin dramas vuelven a lo de todos los días y me lavan bien los platitos, eh.

 

No es gracioso, para nada. Es patético.

 

Las negritas las agregué yo.

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Buenísimas herramientas

…para no trabajar:

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YMCA

Hace poco me enteré de que muy cerca de casa hay un club deportivo YMCA. Confieso que hasta no hace mucho le tenía idea ya que la sigla, YMCA, significa Young Men Christian Association (asociación cristiana de jóvenes -varones) y como mujer y atea me parecía una combinación nefasta. Después entendí que aunque mantuviera ese nombre horripilante, la organización cambió. Hoy, cada YMCA es autónomo y su misión y objetivos varían de acuerdo con su contexto.

Con esa información, muchas ganas de ir a la pileta, y después de leer con atención sus principios institucionales me anoté. Por una cuota razonable (77 dólares mensuales por grupo familiar de dos) tenemos acceso a la pileta, canchas de básquet y voley, gimnasio, aparatos, sala de computación y todo tipo de clases (desde yoga pasando por step, spinning, tai chi, gimnasia modeladora hasta kick boxing y entrenamiento “estilo militar”) entre las 5 de la mañana y las 11 de la noche.

Empecé el martes con algo seguro: “lap swimming” (nado libre) y yoga. Pero, como suele suceder, los primeros días andaba un poco perdida con tantas clases, horarios y reglas.

El jueves, fui a nadar un rato con la idea de quedarme a la clase de gimnasia acuática que empezaría a las 9. Para hacer las cosas bien, antes de incorporarme al grupo lo hablé con una profesora que muy alegre me respondió “por supuesto, acá todos/as son bienvenidos/as. No te vamos a poner restricciones”. La respuesta, aunque muy simpática, me sorprendió un poco ya que nunca dudé que la clase fuera abierta. Eso dice el librito que me dieron.

Así, me puse a nadar hasta que empezara la clase.

A las 8.40 entró un grupo de 7 u 8 mujeres muy mayores, una de ellas en andador. Un rato más tarde entraron varios señores también bastante ancianos (de entre 65 y 80 años) y varios minutos antes de las 9 ya había unas 30 personas (todas ellas de edades avanzadas) charlando en la pileta.

Mmm…

Nueve en punto apareció la profesora. Con mucho entusiasmo y energía dijo buen día en 7 idiomas (representando a todos sus estudiantes) y dio comienzo a la clase de gimnasia acuática para ancianas/os.

Nota aclaratoria: en el librito con los horarios, reglas, y demás explican que clases son para ancianos. El problema es que yo no lo había registrado. Esta semana, en otro horario, probaré gimnasia acuática para despistados.

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Mi amiga Amy bautizó mis empanadas de jamón y queso, breakfast empanadas.

“En tu país, ¿hay algo mejor para el desayuno?”, me preguntó.

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you-are-an-immigrant.jpg

Por Steve Kelley.

-Es hora de recuperar a los Estados Unidos de los inmigrantes ilegales
-Te ayudo a hacer las valijas

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Fashion emergency

Hace dos sábados, a más de un año desde la última vez, fui a la peluquería.

Un año es mucho, lo se. Pasa que las peluquerías me producen una sensación rara. La atención, los masajes, el corte, todo eso me encanta. Pero detesto tener que mantener una conversación con extraños, fingir interés por la vida de otras personas y acá se sumaba tener que pagar unos 35-55 dólares.

Finalmente tomé coraje y fui a una cerca de mi casa (por supuesto que antes pregunté el precio y 25 dólares sin secado y peinado me pareció más que razonable).

Una mujer insistió y me lavó el pelo recién lavado (parece que es parte del ritual) y minutos después me entregué al colombiano Luis para que me lo corte. Le pedí algo sencillo y cumplió. Salí conforme. El tema es qué sucedería después del primer lavado, sin secador, cerita, cremita… porque una siempre sale bien.

Dos semanas más tarde y con varios lavados en el haber debo admitir que Luis hizo un buen trabajo. Y lo mejor de todo es que, mientras me cortaba, no hablamos. Pude disfrutar el trcht trcht de la tijera al compás de la música que pasaban en el local.

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Se enojó mi abuela

Desde hace algunos meses, 10 para ser exactos, mi abuela y yo intercambiamos cartas mas o menos cada dos semanas. Mi abuela no lee blogs, no tiene skype, no tiene msn, no tiene email, ni siquiera computadora. Y como yo no soy muy amiga del teléfono, el correo postal resultó la mejor opción para mantener aceitada la comunicación nieta-abuela.

Así, todas las semanas espero ansiosa encontrar una de sus cartas en mi buzón. Siempre escritas con prolija y cuidadosa letra cursiva y repletas de no-novedades. Esto último, porque prácticamente todo lo que me cuenta ya lo sabía.

Sin embargo, me encanta leerlas. Como si fuera un ritual, cada vez que una llega me tomo unos minutos para mirarla, abrirla y leerla. Y con cada nueva misiva me siento un poquito más cerca de ella. Me muestra un mundo diferente, su mundo. Y, me recuerda, que la vida está llena de pequeñas felicidades que a veces no nos detenemos a disfrutar. (más…)

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