Hace unos días entretanto me invitó a contar una historia sobre trenes para conmemorar los 150 años de su inauguración en la Argentina. La propuesta me encantó pero, lejos de lo que imaginé, hasta ahora no sabía cual contar. Hoy me decidí por una, espero disfruten leerla tanto como yo recordarla.
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Viajo en tren desde muy chica y con regularidad desde los 16 años. Crecí en la zona norte de Buenos Aires así que el ramal que más utilicé -para ir al colegio, para visitar amigos, para ir a la facultad, para el trabajo- fue el Mitre (ramal Mitre y ramal Tigre). Conocía la frecuencia, las estaciones y hasta a algunos de los boleteros como pocas personas. Pero no me pasaba lo mismo con el resto de los ramales.
Una noche de invierno, al salir de la facultad de c. sociales, corrí para tomar el último subte D hasta Carranza para ahí combinar con el tren Mitre que me llevaría hasta mi casa. Apenas pisé la estación llegó el tren y aliviada porque lo había logrado –era el último del día– me desplomé en el asiento (como solía hacerlo) para dormir hasta la terminal.
Ese año (1996) andaba especialmente cansada porque a la mañana cursaba la carrera de bellas artes, a la tarde/noche ciencia política y trabajaba los fines de semana. Es así que me dormía en casi cualquier lado y, el movimiento del tren seguido por sus característicos chuf chuf, chuf chuf lo hacían uno de mis lugares favoritos.
Cuando finalmente me desperté, además del hambre y del cansancio que tenía, noté algo diferente. La iluminación, la falta de gente, algo era raro. Al instante me di cuenta que el tren no estaba en Mitre ni en ningún otro lugar familiar. Habíamos llegado a José León Suárez. Entonces recordé había tomado el tren en Carranza sin fijarme cual era. Terrible error ya que por esa estación pasaba, y sigue pasando, también otro ramal.
¿Qué hacer? Como siempre, yo andaba sin plata, o con lo justo para un colectivo, y en esa época el celular no era una alternativa. La estación estaba cerrada, en el andén no había nadie y el teléfono público que encontré no funcionaba. A todo esto era un día de semana y tardísimo (cerca de la medianoche) por lo que varias líneas de colectivo locales ya no funcionaban. Pensé en caminar hasta alguna avenida cercana pero la oscuridad de la noche parecía infinita, los descampados de la zona me asustaban, y el guarda del tren –muy alentador- me termino de convencer: “nena: ante de que llegues a tomarte un colectivo te van a robar… o peor, a violar”.
Cuando ya estaba haciéndome la idea de que pasaría varias horas en la estación (antes iba a intentar por todos los medios posibles comunicarme con mis viejos para no matarlos de un susto) me entero que el tren volvía a Retiro. Así, lo tomé hasta un lugar por donde pasaran muchos colectivos, creo que la estación Drago, y de ahí me tomé uno hasta casa.
No sé a que hora habré llegado a mi casa y aunque sigo saliendo sin plata, por mucho tiempo, no volví a confundirme.
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Le paso la posta para que cuenten una historia en trenes argentinos a Laura, Perica, Venusina, Detu, Maggie, y cualquier otro que quiera prenderse.






Qué historia! Y qué miedo! A mí me pasó algo muy parecido pero en un colectivo. Y es que yo era más de esos desvencijados vehículos con ruedas que de tren, pero como este meme me llegó ya por dos vías distintas, tendré que ponerme a recordar las poquísimas anécdotas ferroviarias que tengo.
Saludos.
Me encantan estas historias de confusiones y tengo varias…
pero una aprende y empezás a prestar atención a indicios que te dicen exactamente qué hacer hasta en las peores ocasiones…
De todas formas, envidio que hayan tenido que usar tanto el tren en sus vidas… de Campana a Retiro había que combinar en Villa Ballester y ni a palos me dejaban hacerlo sola, y de más grande, ni ahí elegía el tren (un peligro realmente) en lugar que el colectivo.
Mi mejor recuerdo del tren: viajar hasta el Italpark en tren con tía, mamá, mis primas y hermanas, que mi hermana mayor preguntara donde estaba la alfombra del tren y si podía ir al baño (esperando un lujo) y pasar el día en los juegos!!!!… pero eso fue en 1987.
ay noooooooooooooo! Por suerte nunca me quede del todo dormida. Que feo que te pase algo asi!
Por suerte la historia tuvo final feliz!
Yo tengo una parecida pero de colectivo.
Dormida en el 15 terminé en Benavidez (iba a San Isidro), por supuesto sin plata, sin idea de nada y rodeada de barro y gallinas que me gritaban. Como vos, no bajé del colectivo y me devolvió en zona urbana y con el chofer riéndose todo el viaje.
Muy bueno TODO el blog, gracias.
Mi historia es con el Belgrano – zona norte. La verdad es que siempre era una odisea viajar en las horas pico. Viajábamos gratis porque nadie podía pasar a pedir boletos, ni tampoco había lugar para vendedores. En una época viajaba gente en la locomotora y hasta en el techo. Una locura, por suerte ya no lo permiten más. Pero era toda una aventura… y yo que no llego a ningún pasamanos, ni te cuento.
Hoy es mi hija la que lo usa, no en las horas pico, y le encanta.
Uy, Laura. Perdoname. No hace falta que lo hagas.
Qué lindos recuerdos del Italpark, Ana. A mi también me encantaba. ¿Ahora sigue siendo peligroso ese ramal?
Hola Marina, muchas gracias y bienvenida. A mi también me pasaba (mucho) en el colectivo.
Lechu: es verdad que si viajás en las horas pico, apenas si podés entrar. ¿qué tal es el Belgrano hoy en día? Seguro que hoy boleto te cobran.
Jajaja, pobree, perdoná que me ría pero qué susto eh! Es que me pasó en Zaragoza lo mismo pero en colectivo. Me tomé culaquiera! Sin batería y sin plata con el chofer, de noche y sola en un descampado! Por suerte el chofer era argentino y no me cobró el pasaje de vuelta. Fiuuuu.
No sé si sigue siendo peligroso (mirá con qué frecuencia viajaré en tren que ni sé como se llama!!, es el Belgrano???). La última vez que viajé fue de Escobar a Campana una soleada tarde de marzo y lo disfruté tanto que ni observé si era peligroso o no. No es recomendable por lo que me dijeron, menos con bajas temperaturas pero sí se que las tarifas con considerablemente menores que las del colectivo que nos lleva también de Campana a Buenos Aires, aunque en menos tiempo.
Y quedarme dormida… sólo en el colectivo… mi querido 228, me pasé como 10 paradas pero desperté a tiempo y le pedí al chofer que me bajara… no sabía ni donde estaba. Una vez que me desperté supe que seguía en mi ciudad así que respiré aliviada y me puse a caminar hacia casa.
Poooooooooooooobre chili!! que pena me diste!!!
Me daban ganas de irte a buscar y llevarte a tu casa!!!
Una vez me paso: crei que habia tomado un 168 y tome un 161. Y me dormi. Me desperte en Mataderos!! Debia tener 30 y pico o 40 años. Me acuerdo que tenia una pollera arriba de la rodilla, rosa, como con cuadritos. Era verano. Que miedo me dio bajarme alli . Y asi vestida! ERan las 8pm mas o menos y verano.
Me tome un taxi inmediatamente. Hasta Belgrano. Me salio cara la siesta.
En Rosario no hay trenes!
Pero me quede dormido en el 148 y termine a las 12 de la noche en Barrio Las Flores, que de petalos tiene bien poco…
Qué miedo!! Ya no recuerdo los tiempos en que el móvil no era una opción, pero es cierto que nos pasaban cosas de estas, y nos las arreglábamos como podíamos… Saludos!
Venu, es que yo también me río. Es muy divertido recordar estas cosas…
Gracias por tanta empatía Tolenti! sos divina.
Luciano, ¿en Rosario? todavía no conzco…
Mili, es verdad lo que decís de los teléfonos móviles pero ¡qué gran invento!
Yo siempre vivi en puebluchos destrenizados (Rio Gallegos, Rafaela, Santa Fe) y en Buenos Aires el unico tren que tomo es el Mitre de Chilli para ir y venir de su casa… pero si he viajado en trenes interurbanos. Ahi el tema no es que sean peligrosos sino insalubres! 14 hs Rafaela -Buenos Aires (en colectivo son 6) en un tren con un olor a gallina asfixiante y ventanas selladas; o en mi viaje de egresada de 7mo grado fuimos de Gallegos a Rio Turbio (300 km) en un tren con los vidrios rotos que le puso 12 hs… hacia un frio de la reput!
Yo os recomiendo aprender el arte de la seduccion de mano de los mejores profesionales. Para ello os enlazo con mi blog. Por cierto, este es muy bonito y entrañable !felicidades por el buen trabajo!
http://seduccionycarisma.wordpress.com/
ok ok, dame unos días.
saludos desde acá.
Vaya movida Chili!
Pero enseguida ponemos el coco a funcionar para salir del aprieto.
A mi me encanta viajar en tren, pues si el viaje es largo tienes la opción de irte a la cafetería a pasar el rato.
Hice un viaje de noche a Almería con un amigo y nos dieron literas y le pusieron a él en un compartimento lleno de marroquies con un olor imposible de soportar (no soy racista, pero es como lo cuento). Al final tuvimos que llamar al revisor para ver si nos daba una cama que era lo que habiamos pedido desde el principio y en ventanilla en la estación de Chamartin nos dijeron que no habia ninguna plaza libre.
Conseguimos un compartimento solo para nosotros y tener un viaje estupendo que era de lo que se trataba.