En los últimos cuatro años todos mis vecinos han sido bárbaros. Los hubo amigables, responsables, atentos, gauchitos. Nunca un conflicto. Nunca una molestia.
Pedí tazas de azúcar, algún huevo, un limón, una aspiradora, muchas herramientas, escaleras… hasta el auto. También presté teléfono, un saco, leche, café. Escuché historias de familiares. Conocí parientes.
En mi edificio actual, los del lado izquierdo son casi imperceptibles. Nos conocemos pero casi nunca nos cruzamos. Los del lado derecho ya son amigos. Hemos intercambiado música, comidas, anécdotas y chusmerios de barrio.
Hasta ayer sólo conocía a los de los lados.
Como ando un poco preocupada (la semana próxima tengo que entregar un paper y todavía no le encuentro la vuelta a algo que ya debería tener resuelto) no podía dormir. Alrededor de las 2 de la mañana, mientras daba vueltas en la cama me inquietaron los gritos de un hombre y una mujer. Me pareció muy raro porque los de los lados no hacen ruido. Me asusté. Prendí la luz y fui al living, a dónde estaba M terminando una nota. Los gritos eran cada vez más fuertes.
¿De dónde vendrían? Abrimos las ventanas y de inmediato nos dimos cuenta. Venían de abajo. “Nice to meet you”, pensé. Los de abajo son de los que disfrutan de hacer el amor a gritos.






Excelente! Esto me encanta leer!Inmediatamente seguire con lo de abajo!
jajajaja, yo tambien tengo vecinos nuevos, “atrás” si olvide contarte que los viejitos que vivian atras se murieron ambos, ahora una pareja joven alquila la casa.
Y antes de conocerles la cara los eschuchamos haciendo el amor, pero no gritaban, de hecho era algo “normal” para nada escandaloso, lo que me llevó a pensar ¿y si ellos nos escuchan a nosotros cuando…….???¡¡¡¡que vergüenza!!!.
Gaby