Una costumbre local que me sorprende bastante, aunque ya le estoy encontrando las ventajas, es que tanto alumnos como profesores comen en clase. No me refiero a unas galletitas, un alfajor o un sandwich sino a una comida con plato, cubiertos, servilletas y mucho “aroma”.
Las clases que curso son reducidas, unos 15 o 17 alumnos como máximo, y todos nos sentamos alrededor de una mesa rectangular. Es así que me distrae bastante cuando un compañero, o el profesor, pone sobre la mesa, junto con los apuntes, biromes y anotador, un plato de sushi, una sopa, una bol con comida china o lo que sea.
“Si la clase es en el horario de las comidas, comamos en clase”.
No lo hacen todos pero al ser tan pocos se nota mucho. A veces salgo de clase con la ropa impregnada de olor (a cebolla, ajo, fritos, cualquier cosa).
La semana pasada me animé y, por primera vez, llevé un bol discreto (aunque muy oloroso) con una porción de guiso.





